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Investigaciones recientes señalan al pescado como fuente de salud y larga vida. Ya se sabe que los esquimales y los japoneses, cuyas dietas a base de pescado son archí conocidas, sufren menos la incidencia de enfermedades cardiovasculares y arteriosclerosis. En la Universidad de Leidi, en Holanda, se estudió a 852 hombres y mujeres que comían entre 200 y 330 gramos de pescado por semana. El resultado fue un 50%, menos de ataques cardíacos en aquellos que comían pescado regularmente respecto de los que no. Y la diferencia tiene nombre y apellido: Omega 3, o ácidos grasos esenciales del pescado.
El sushi, nació como un método para conservar el pescado por fermentación entre capas de sal y arroz, prensándolo con una piedra pesada, ante la inexistencia de heladeras. Luego de algunos meses, el pescado fermentado y el arroz eran considerados listos para comer. A mediados del siglo XVII, el Dr. Matsumoto Yoshiichi tuvo una idea revolucionaria: le agregó vinagre al arroz para impartir ese sabor agrio al pescado, que sólo lograban meses de fermentación.
Recién en el siglo XVIII, un chef llamado Hanaya Yohei renunció a la fermentación y sirvió el sushi en su forma actual, colocando el pescado fresco sobre canapés de arroz. El resultado fue un éxito absoluto. Primero fue moda en Nueva York. Hoy, todo el mundo lo pide.
Es rico, sano, y bajas calorías. Durante muchos años, el pescado tuvo mala prensa. Era muy común escuchar "yo no como pescado" aún sabiendo que el pescado es sano, rico y no engorda. De hecho, y por alguna extraña razón, poca gente comía pescado. Pero un día apareció el primer restaurante japonés en Nueva York y los neoyorkinos probaron el sushi, el sashimi y las demás variedades de pescado. Al poco tiempo, la comida japonesa se impuso en Estados Unidos y luego en el mundo entero.
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